Por: Andrés Roa

Lecturas a blanco y negro

 

Cuando supe que El juicio de los 7 de Chicago ganó un Globo de oro por la categoría a Mejor guion, no dudé en verla con urgencia. Ahora considero que su premio ha sido bien merecido. Desde los diálogos iniciales, que contextualizan de manera efectiva el ambiente y la tensión que viviremos durante toda la película, hasta el último, que más que un diálogo parece un manifiesto, el espectador puede sentirse fácilmente como uno más de los acusados. ¿Por qué?

7 líderes que animaron a la población a protestar en contra del gobierno, fueron imputados por cargos de conspiración. Pero todo es una represalia del Estado, es un “juicio político”, como bien lo dijo Abbie, el personaje que más capturó mi atención. Su pecado no fue protestar, el pecado de estos 7 líderes era clamar por la paz y evitar que más jóvenes estadounidenses fueran a morir a la guerra de Vietnam. Pero al gobierno no le interesa su grito de paz, al poder le interesaba continuar gritando el nombre de la patria en medio de la batalla vietnamita, vendiéndoles a los soldados los conceptos manipulados de honor y heroísmo.

Abbie confirma en el estrado que ellos están acusados por cruzar la frontera hacia Chicago para protestar, pero no con armas sino con ideas. ¡Ese fue su delito! Convencer a los demás de luchar porque el país saliera de una guerra que estaba matando a sus jóvenes. Luego, cita magistralmente al expresidente Lincoln, quien advirtió sobre la revolución del pueblo cuando estuviera inconforme con su gobierno. Pero tanto el juez como el fiscal encargado ignoran los argumentos de Abbie, el abogado y Bobbie Seale, un afroamericano al que se le niega defenderse por sí mismo, porque no tiene quién lo represente. Todos sus intentos de defensa los invalidan y anulan sin justificación alguna, porque todo estaba preparado, los 7 debían ir a la cárcel, costara lo que costara.

Por eso, entro a comentarles un poco sobre la ética profesional, pues aunque no es un tema relevante entre otros que desarrolla la película, éste me llamó la atención desde el inicio de la historia. El mismo fiscal encargado del caso sabía que cometería una injusticia, pero a él no le pagaban por opinar sino por hacer. Él cumplía su función pública, algunos espectadores dirán que debió renunciar por sus principios; pero no lo neguemos, si él no lo hubiera hecho, conseguirían a otro y él perdería su trabajo. La reivindicación de este personaje sucede al final, cuando de pie y después de haber cumplido con su labor, honra la causa de los muertos y la lucha de los 7 acusados. Para mí, él tuvo que ser el hombre de paz al que se le obligó vestirse de verdugo.

No hago spoiler amigos, de entrada sabemos que no hay escapatoria para los 7. Pero ustedes necesitan saber cómo se tejió todo, necesitan escuchar cada voz y ver la personalidad de cada personaje. Es una película rica en sus discursos, imágenes y drama. No se la pierdan, pensar la política y nuestro papel en ella no está mal, de vez en cuando debemos hacerlo.  

 

Título: El juicio de los 7 de Chicago
Clasificación: Histórico, político, violento
Edad: +13

La cinta tiene seis nominaciones al Oscar.