El compositor argentino Fito Páez nos entrega su vigésimo cuarto álbum cargado de intimidad y contradicciones en favor de la libertad y el amor.

 

Por Miguel Cabezas Gómez

 

En poco más de 36 minutos, Páez (Rosario, 1963) logra conectarnos con un álbum íntimo y visceral, con canciones que muestran la madurez musical del cantante y compositor rosarino, que tiene como leitmotiv el amor (esto no es nuevo, ya lo ha hecho en discos anteriores) construido o rescatado de su concepto personal de contradicción. Es a través de ella que Fito muestra cómo entre el barro más denso y la oscuridad brumosa y decadente de la condición humana hay luces de libertad y amor. Y para mostrarnos eso recurre a figuras estéticas poderosas, frases infalibles y sonidos que ayudan a recrear su atmósfera.

 


Tapa del vigésimo cuarto álbum de estudio del músico argentino. Fuente: @fitopaezamusica

 

Contradicción, el componente al que el argentino alude para mostrarnos en forma de canciones, una cara de este mundo posmoderno, caótico y delirante. Nueve temas distintísimos ellos, pero encajados perfectamente por el concepto que los genera. Y es precisamente por lo complejo del término, que analizarlos uno por uno (cosa que de verdad es innecesaria) resulta tedioso y agotador. A fin de cuentas, el afán de Fito nos es otro que el disfrute de la música per se.

El álbum, que se presentó el pasado 13 de marzo (fecha de su cumpleaños) mostró como primer corte la canción Resucitar, un tema con una lírica oscura, esotérica si se quiere, con un sonido nostálgico súper beatlelero. Frases poderosas como la del cierre, demuestran ese factor contradictorio del ser humano: “…No es fácil vivir con el dolor que te causé, pero empiezo a sentirme bien”.

En este nuevo proyecto, el rosarino aprovecha para jugar con sonidos y géneros nuevos en su repertorio, con colaboraciones en los temas Gente en la calle donde une su voz a la de la cantante Lali Espósito, una canción con vientos y metales que recuerdan un poco Dos en la ciudad; y un tema crudo y villero, ¡Ey you!, con notas a arrabal y cumbia y en la que comparte autoría con Hernán Coronel de Mala Fama.

La guinda sin duda es La canción de las bestias, una pieza maestra de cuatro minutos que nos regala Páez y en donde expone el quid de toda la producción; un tema en donde se abre y nos muestra la esencia: “… Mi alma es una casa donde vive el amor, y las más profundas fantasías del terror…” En rueda de prensa donde presentó sus canciones, afirmaba a los medios: “…Todos somos bestias; hasta el más inmundo asesino tiene un corazón y eso tiene un valor”. Uno de los mejores temas que ha compuesto en su ya fructífera y reconocida carrera.

Finalmente, no se puede dejar de lado el aspecto técnico y de producción del álbum, en este también convergen elementos importantes que configuraron la sustancia de cada una de las canciones que lo integran. Lo primero fue el lujo que se dio Fito de contar con el baterista estadounidense Abraham Laboriel Jr, un consumado músico que integra la banda permanente de Paul Mc Cartney y que tiene un envidiable prontuario musical, colaborando con artistas de la talla de Sting, BB King y Eric Clapton, entre otros. La producción artística junto a Diego Olivero y Gustavo Borner, la participación y regreso a las filas de Guille Vadalá (quién ha sido cercano desde siempre al Circo Beat) marca una pauta en lo que a producción se refiere.

Lo segundo, los estudios en donde se cocinó La conquista hacen de este un disco muy querido por Fito. El emblemático edificio de Capitol Records, por donde desfilaron las mejores orquestas y grupos de jazz y artistas como Nat King Cole, Frank Sinatra y los Betales, sirvió de escenario para la grabación de parte del material. Los otros estudios, no menos importantes fueron Ocean Way Nashville Studios e Igloo Music en Burbank California.

La gira de promoción que empezaba justo el 13 de marzo, cuando Fito se alzaba ya con 57 años, quedó interrumpida por la pandemia y quedó aplazada hasta nuevo aviso; países como Colombia, Chile, Argentina y Perú tendrán que esperar a que este virus, que paralizó y encerró al mundo, permita que todo tome su cauce nuevamente y tengan la oportunidad de disfrutar en plena libertad (las ironías de la vida) los conciertos y las canciones en vivo de este artista amante de las contradicciones.