Por: un grupo de amigos 

 

De pronto, la muchacha de ojos saltones y voz potente sube al escenario para rasgar la guitarra y sacudir la consciencia de un público joven con ansias de cambio. Los relatos crudos del país sanguinario que habitamos se mezclan con melodías, tarareos y el eco de los golpes en el instrumento que no duran mucho, como un corazón que apagó el plomo en alguna de las denuncias que la manizalita suele lanzar en paisajes remotos.

Reflexivos nos vamos uniendo, como quien necesita ayuda para digerir algo que tiene atravesado en la garganta, un golpe en la nuca, uno y otro, así nos van naciendo los interrogante que luego de un trago de whisky nos va resolviendo la artista, como desgranando una mazorca para hacer arepas. Finalmente el plato con aroma a leña está servido y los invitamos a degustar.  


 

¿Qué ha significado estar aquí en Neiva? ¿Ese set de canciones cómo lo preparaste? Sabemos que es un espacio nuevo después de la pandemia, ¿cómo te has sentido?

Yo soy Isabel Ramírez Ocampo, La Muchacha, soy cantautora de la ciudad de Manizales. Llevo camellando en esto desde 2017, así como con toda. Y bueno, es una sorpresa volver por acá, porque primero me invitaron a un parche muy raro con el que no estuve de acuerdo en estar ahí, me generó mucho conflicto, y ya después se dio este chance de volver aquí y encontrarse con la gente, de ser parte de un evento de una universidad pública, ¿cierto?, empezar a estar en los espacios donde estamos peleándonos la educación gratuita, las garantías para acceder a los conocimientos y a compartir un montón de cosas, pues bueno, me pareció una belleza.

El set lo preparé ahorita, le pregunté incluso a Marce como cuál canción, qué canto y entonces eso hicimos. Me gusta mucho tener en cuenta las canciones que siempre me chocan a mí, me revuelcan. Esa última canción que canté, ´No azara´, como que he estado intentando cantarla en público porque me parece un visaje aseverar que te disparan de frente y que sea en la puerta de tu casa. Eso como que necesito sacarlo, exteriorizarlo para saber nosotros desde el privilegio cómo nos atrevemos a decir esas cosas, y cómo entendemos que eso pasa y que la actitud de la gente que está resistiendo en territorio es esa. Yo me lo pregunto mucho y por eso la hice y la canto, como, uy parce que estoy diciendo cuando no estoy en el territorio, y porque las cosas siguen estando tan mal que estamos dispuestos a morir en la Casa.

 

En medio de esa crudeza hay una imagen poética en las letras de las canciones. Uno imaginaría que por abordar situaciones crudas se hablaría solamente con dureza, pero hay también ternura y belleza.

Eso ha sido un visaje porque me gusta mucho la jerga popular, yo habló así. Yo digo gonorrea, visaje, no azara, entonces he tratado de incorporar mucho eso, de acceder a esos lenguajes que me han ofrecido los referentes como Velandia, Violeta, como Sofía viola en Argentina, como todas esas vueltas que están ahí también provocando eso, ¿cierto?, provocando que accedas a tus propios lenguajes.

No sé qué va a pasar si me voy al exterior, no van a entender ni mierda de lo que digo. Entonces ahí yo no sé si se pierda el ejercicio de la canción que estoy haciendo o de la manera de componer, no sé, pero digamos que no me importa, lo que me interesa siempre es hacer preguntas y por eso trato de juntar esos lenguajes y que a veces no sean preguntas tan directas, sino que me atreva a meter unas palabras que de pronto no conocemos tanto como nanay cucas, que es una cosa de mi tierra, para generar esas preguntas.

 

Otra cosa que me llamó mucho la atención -la mencionaste varias veces- es la contradicción que se puede sentir al pensar en circunstancias más violentas en otros lugares mientras se está en su espacio, no necesariamente de comodidad, pero al menos alejado de las balas, ¿cómo es eso?


 

Al asumir el tema social también estás adquiriendo una responsabilidad y eso es un peso. ¿No sientes que también es agotador para ti y te pone en una posición muy delgada entre si lo está haciendo bien o mal? Jaime Garzón decía que morir por una idea valía la pena, mi papá dice no: “por una idea ni por el putas”. Y ese es el pensamiento colombiano, entonces, ¿hasta qué punto tú vas a cargar ese peso y esa responsabilidad? O simplemente en este momento estás tan eufórica de que las vainas se están dando, ¿qué onda, qué piensas de esa vuelta?

Pues parce, yo creo que es muy peligroso verlo desde la moral, si está bien o está mal. Yo creo que son simplemente impulsos y necesidades que uno tiene. Porque a mí, desde que yo tengo razón, me es muy difícil ser indiferente a lo que pasa afuera de mi lugar, entonces es una necesidad personal, ¿cierto?, pero claro parce, es muy loco cuando la gente empieza a etiquetar el trabajo: que es canción protesta, canción social. O sea, que me encasillen y cuando me salga de eso ¿ya no estoy haciendo nada? Esa es la pregunta. ¿Qué pasa si yo hablo del amor? ¿Qué pasa si hablo de follar por la mañana (la canción del juguito)? ¿Qué putas? Es algo que también está ahí y que quiero, pero también siento que mi proceso me ha llevado a olvidarme mucho de mi universo interior, a esconder a mi niña juguetona y siempre hablar de las heridas, y claro que es agotador.

Pero una vez una líder que conocemos todas y todos, Isabel cristina Zuleta, del movimiento Ríos Vivos, me decía: “nunca es suficiente, nunca son suficiente las maneras de hablar, siempre vamos a necesitar confrontar lo que está pasando porque somos parte de una maraña y un tejido muy grande que es Colombia y que está muy agrietado”. O sea, es muy difícil dejar de hablar de eso. He pensado: “¿parce por qué la última canción sigue hablando de lo mismo y además peor, está diciendo dispárenme gonorrea que estoy dispuesta a morir acá, parce, ¿qué putas sucede? ¿En qué momento se convirtió en esto? Pero es una necesidad y hay que dejarla fluir. Puede ser una etapa que puede durar muchos años y que se puede transformar en otra cosa después, pero yo creo que lo importante es atender genuinamente a las necesidades que uno tiene.  

Y pues, parce, los cuchos piensan eso porque también les tocó otra realidad que es mucho menos privilegiada a la nuestra. Nosotros tenemos de donde escoger, estudiamos las carreras que quisimos, estamos viviendo de lo que amamos, y yo siento que tenemos un fuego y una pasión que no nos implica salir de esas comodidades, un montón de detonantes, un montón de provocaciones que uno dice: “jueputa no me puedo quedar aquí sentada sin hacer nada, al menos sin hablar de eso”, ¿cierto?, entonces eso es una cosa que yo siento que hay que corresponder desde un lado genuino. Cuando se vuelve impostado, eso se nota, y a mí no me interesa ser la bandera de la lucha de nadie; no me interesa darles voz a las comunidades porque las comunidades ya tienen voz propia hace mucho rato, desde siempre. Lo que estamos haciendo nosotras y nosotros es amplificarlas y llevarlas a los lugares donde no nos estamos cuestionando, en el interior, donde todos estamos viendo la televisión, pendientes de Youtube o Instagram.

Eso implica olvidarse de muchas cosas internas, es una decisión, y yo, por ejemplo, no sé hasta dónde va a llegar esto, no sé si me maten -porque puede pasar, estamos en Colombia-, si pilla. Que por dos mil pesos, suerte, chao, te vi, te morís y te matan. Y últimamente he estado conociendo tantos casos con estos procesos con los que me he vinculado, que digo: “parce que visaje”, o sea, me parece muy sorprendente todo lo que ha pasado, pero es un proceso que quiero atender, es una decisión que estoy tomando. Todavía no sé si quiero que mi trabajo se desenvuelva solamente en ese asunto.

 

Esto va relacionado con todo lo que nos estás diciendo. Tu performance eres tú y tu guitarra, prácticamente. No te cuelgas con nadie, no necesitas un bajo, un batero, no necesitas a nadie y vas a lugares recónditos, a sitios que prácticamente no van los artistas más grandes, por así decirlo, sin ofender ni nada, tú me entiendes, vas con la mejor actitud, vas con un mensaje, no te varas por nada, entonces, me gustaría saber, ¿cómo ves tu performance?

Pues parce, eso solo se dio de las ganas de no depender de nadie. De también enfrentar mis propios miedos y mis propias inseguridades y decir: “marica, me estoy parando sola en una tarima con la guitarra, tengo que aprender a ejecutarla bien”. Pero mira que a veces me equivoco y ya me vale verga, lo importante es estar ahí con toda la energía, porque yo soy la encargada de mantener el aura de la vuelta, o sea, si yo me desconecto por un error, marica, se me va a desconectar todo el mundo, y me interesa que estemos ahí amarradas y amarrados.

Y ha sido todo un reto hacerlo sola, porque siento que la gente te subestima: “¿uy esa pelada qué onda ahí sola? ¿Esa que va a venir a decir? Tus canciones infunden el odio, otra que le canta a los políticos”. Es algo que existe, y que maravilloso hijueputa que todo el mundo no te diga: “oye que chimba, te pongo una estrellita, lo estás haciendo muy bien”. Es un ejercicio que yo tengo que aprender a vivir sola y estar re firme, porque van a llegar momentos en los que la gente no le guste una canción; puede que a la gente de las comunidades no les guste la de ´No azara´, y digan marica tú qué estás diciendo. Entonces, es recibir todo eso sola y tratar de tramitarlo; no significa que no quiera estar acompañada en algún momento, pero es lo que hago ahora porque me gusta, porque es fácil viajar así, porque debo estar muy segura de lo que estoy haciendo y ser capaz de enfrentarlo.

 

Tú y la guitarra van totalmente pegadas ahí…

Sí, y la aprendí a tocar sola. Fue como un asunto re intuitivo, una cosa que se dio, y dije: “parce este es mi instrumento”; y me cansé de tocarle solo las cuerdas y empecé a percutir porque lo vi en otra gente, y fue como: “parce que chimba tengo toda una caja de resonancia”.

Es como muy lindo, sé que puedo interpretar piezas a capela y no me voy a sentir mal porque estoy sola, es como tratar de llenar los espacios.

Hace poco canté en un teatro gigante, parce. Todo el mundo me decía: “¿vas a cantar ahí tú sola? ¡Qué putas! Invité a mis parceros, pero fue una cosa desde lo acústico, fue una cosa muy chévere.

 

Cuando tarareas hay un aire de cumbia, ¿qué otros elementos has retomado para las canciones y la puesta en escena?

 

También rapeas, en youtube tienes unos temas hip hop

Sí, es súper. Yo crecí escuchando hip hop porque mi hermano escuchaba el Wu-Tang Clan, Los engendros del pantano, Yeisi, La etnia, Ruta 30, que era de Manizales, es decir, mucha gente ahí como re presente y a mí eso se me quedó, o sea, yo desde siempre he tenido el rap en mi vida y me encanta.

No me creo una rapera, no me interesa ser una rapera, pero me gusta ese flow, me gusta esa manera de jugar con las palabras, de ponerlas ahí con fuerza, siento que te obliga a medio hablar, cantar y a pensar qué vas a decir. Creo que cuestiona mucho más que cantar, porque a veces el cantar es tan lindo al oído, pero en el rap hay una cosa con la palabra re fuerte, parce. También está valido que digas cualquier cosa, jugar.

 

Lo hablábamos también con Velandia cuando vino hace un año a la ciudad. Neiva (Huila) condensa mucha de la problemática a nivel nacional: tenemos una represa -Antioquía tiene a Hidroituango, pero aquí nosotros tenemos a El Quimbo-, tenemos problemáticas indígenas -en La Guajira hay problemáticas indígenas, pero aquí en límites con el Cauca los hay-, tenemos problemas de violencia, etc. Neiva es un resumen de Colombia con todas sus problemáticas, ¿cómo te ha tratado esta ciudad?

Parce, re bien.

Este espacio lo demuestra todo, demuestra como esos raticos que le devuelven a una la fe. ¡Yo a veces me siento derrotada, guevón! Es que digo: “uy parce una cosa tras otra y en espacios tan pequeños que son el terruño de uno, hijueputa por qué”. Pero luego llegas acá y ves a toda la gente así re linda, que quiere abrazarte, que quiere agradecerte que vienes de lejos, parce, eso es muy lindo.

A mí no me queda duda de que este es otro espacio en el que puedo ser yo, en el que me puedo mover tranquilamente, me he sentido segura; se siente el poder del río que está ahí, como que los lugares están dispuestos y te abren los brazos, es como cuando entras al páramo, ¡marica sí él no te quiere ahí, te saca! Y yo siento que así me pasa con todas las ciudades y todos los territorios. Yo no sé, yo siempre me siento muy bien recibida en todas partes y trato de entregar lo mismo, siempre es como, “parce venga pa´ acá que estamos en la misma joda”.

 

¿Crees que podrías radicarte y componer en cualquier ciudad del país? ¿Sientes que el espacio se engrana con tu proceso creativo?

Vale verga, yo me siento re nómada. Amo Manizales, extraño volver a Manizales, pero estuve ahí durante 25 años, y fue como: “ya necesito otro lugar”. Y descubrí que me gusta mucho moverme.

Ahora estoy en Cali haciendo una residencia durante un mes, luego vuelvo a Bogotá, donde estoy radicada, pero vale verga, quiero vivir en Cali; y si en algún momento se me da por irme a Pasto, me voy. O sea, como que estoy muy dispuesta a moverme, me encanta el movimiento así impliqué empezar desde cero en cada lugar. Es muy loco, pero es una actitud que tengo ahí re clavada.

 

Yo tengo una última pregunta, es simplemente un consejo, un mensaje o algo así. Parce, tú vez el conflicto ya de frente, tú sabes cómo son las vainas, tus letras te desgarran, vivimos ahorita en una generación de depresión, que viven quejándose de que todo es una mierda, de que esto no es conmigo, y entonces yo pa´ qué voy a hacer eso; tú estás con tu trabajo demostrando todo eso, podrías darnos una conclusión para esas personas

 

Fotografías cortesía de Consejo Superior Estudiantil USCO y Marcela Giralgo

 

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