A la distancia parecen sombras errantes que han dejado el cuerpo carnoso en algún callejón sin salida. Esperan de la calle todo y nada, por eso caminan presurosos, sonríen con desgano, miran a cada instante sus pasos, su contoneo de huesos, su locura.

Por: Serafin Marquin Gaviria

@serafiniano

 

En Bogotá se aproximan a los diez mil, en Neiva a los 400, y parece que cada día como por arte del realismo mágico de estas tierras, uno más apresura el paso en alguna esquina, sobre el asfalto vaporoso o friolento de una ciudad sureña, una que podría ser otra o todas, por donde deambulan estos hombres y mujeres.

Hay quienes los persiguen insistentemente, llamándolos a la cordura, a la realidad, a la rutina de un sistema que los desechó por ser pobres (29,8%), desempleados, drogo-dependientes, según ha escrito Isidro Ruiz de Osma Díaz.  O porque sencillamente son parte de esa masa alucinante de los que nacieron bajo los cimientos de un Estado fallido y vieron frustrados sus sueños.

El acompañamiento dispuesto institucionalmente es psicosocial, atención en salud, cuidado personal, activación en ruta de atención y verificación de derechos; sensibilización a la comunidad en general sobre la problemática de consumo de drogas, y resocialización. “A nivel nacional, la ley colombiana promueve “garantizar, promocionar, proteger y restablecer los derechos de estas personas, con el propósito de lograr su atención integral, rehabilitación e inclusión social”, esto es, reinsertar y reducir el número de los habitantes de calle. Sin embargo, la Corte Constitucional ha primado la defensa del libre albedrío en sentencias y ha pedido al Estado que se limite a dignificar las condiciones de la gente si buscan permanecer en la calle”, precisa Osman Díaz.

Ya son un objeto más del paisaje. Así los ve el pueblo que camina a su lado. Que cambia de acera para no chocar con su talega de huesos y su costal de reciclaje. Pero ellos y ellas no se inmutan, se entienden solos, se han desprendido del ser social y dialogan con su mente, con el río, con la noche, con la sensación del agua y la noche y el humo que los consume. Los olvidados ríos y los males que los carcomen.