Por Adriana Loaiza Giraldo

 

Concebido como un proyecto de aula en medio de los momentos más angustiantes que se experimentaron en el inicio de la cuarentena decretada por la expansión pandémica del virus Covid – 19, el proyecto Tejiendo Sonrisas logró que padres e hijos de distintas latitudes regionales fraternizaran a través de los espacios de la virtualidad.

Cuando se tiene la oportunidad de apreciar la labor de un tejedor, que con esmero y paciencia, logra zurcir las formas geométricas más audaces que salen de la urdimbre armada de hilos de colores, se detalla el talento que los artesanos despliegan en la confección de sus piezas; capacidades innatas que afloran de forma natural en hombres y mujeres que han hecho de sus silenciosos oficios una labor merecedora del rango de ser considerada arte.

La crisis de salubridad pública ocasionada por la pandemia del Covid – 19, enfrentó a los padres de familia a insospechadas situaciones de desconcierto para las que no tenían, en la mayoría de los casos, la preparación requerida. Una de ellas, fue la abrupta conversión de los espacios domésticos en salones de clase. La inexperiencia en el dominio de las herramientas tecnológicas, la aparición en el lenguaje familiar de palabras como Meet, Zoom y Teams,  y una transformación total de las rutinas cotidianas, significó un traslado al hogar de muchas de las prácticas que tenían como escenario la escuela, el colegio y la universidad.

La iniciativa Tejiendo Sonrisas, se propuso rescatar esa paciente y abnegada labor de costurería, que en este caso, compuso rostros joviales y risas estridentes, remendó facciones fruncidas y enhebró el hilo de la alegría, para lograr que la población infantil curara la amargura de los días adversos del confinamiento. Con orientaciones pedagógicas precisas, esta estrategia se propuso potenciar las capacidades de creación, que en los meses de encierro obligado por la propagación del virus, se vio perturbada.

Aunque el uso prematuro de las redes sociales ha abierto un debate sobre los efectos desencadenantes de estas en los niños, desde otro ángulo, son varios los pedagogos que promueven una apropiación racional, supervisada y consciente, que antes que el negacionismo prohibicionista, opte por una educación que les reconozca su presencia en la vida contemporánea y les atribuya un rol formativo y vinculante.

Fueron estas y otras valoraciones, las que motivaron a la docente de la Corporación Minuto de Dios de la sede Bogotá, Martha Consuelo Gualteros Villegas, a idear un espacio de creación que aprovechara las bondades tecnológicas, pero que al tiempo generara un vínculo de afectos amplio que resignificara las relaciones habituales de la escuela con los hijos y los padres. El atisbo que asomara una mañana mientras preparaba sus sesiones de clase, se convirtió una maquinación pertinaz que cuando fue expuesto a su equipo de practicantes profesionales y coequiperas, fue retroalimentado y puesto en marcha con una celeridad que a todos sorprendió.

La lúdica, el juego y el divertimento, son elementos que han irrumpido como técnicas didácticas en los diversos espacios de la educación, que al día de hoy, trascienden las fronteras de un salón de clases. El aprendizaje, en una situación que impone limitantes como un periodo de cuarentena, debe librar un pulso con el agobio que se experimenta cuando los niños pasan un largo periodo enclaustrados y se privan del disfrute de espacios abiertos.

La remisión de fotografías y el diálogo sincrónico y multimedial que posibilitó la interacción a través de un canal tan poderoso como Faceboock, extendió un mensaje de solidaridad y afecto, de saludable gregarismo, y principalmente, de esperanza frente al porvenir. Los padres que enfrentaban situaciones de contrariedad, y que abogaban por la aparición de recursos que los socorrieran en el ejercicio tutorial de acompañar a sus hijos en el cumplimiento de los deberes académicos, hallaron en Tejiendo Sonrisas, un amparo pedagógico al desconsuelo que significó un enrolamiento imprevisto en el oficio de profesor.

Fue justamente el método praxeológico, cimiento y estandarte didáctico de la corporación Minuto de Dios, el que en su amplio firmamento de desempeño, robusteció esta apuesta. Por la capacidad que brinda para descifrar y comprender sensaciones, afectos e intelecciones, y la conjugación de lo racional con lo intuitivo, el enfoque praxeológico ensancha el campo reflexivo como terreno de indagación y formulación cognitivo; al tiempo que suscita un campo de resonancia interpretativa ilimitado. 

Las actuaciones y los juzgamientos, las creaciones y las valoraciones, conjugadas como un terreno sinérgico en los modelos de acción, obran como un eficaz catalizador en situaciones particulares como las ocasionadas por un periodo prolongado de enclaustramiento. El paradigma praxeológico, resignifica y esclarece, valora y dilucida, los vínculos emergentes de los niños con los instrumentos tecnológicos, pero también con los espacios y las figuras de poder que lo acompañan. 


 

Testimonios

 

César Ramírez Loaiza estudiante universitario UNIMINUTO

“Cuando empieza a suceder todo lo de la pandemia, que nos dicen que ya no podemos volver a clase presencial, ahí es cuando choca todo, porque entonces se te cae un planteamiento teórico-práctico y todo pasa a la virtualidad. Se revientan los esquemas. Empezamos a pensar con la profesora sobre cómo desenvolver esa idea de salirnos del aula y también cómo podemos aclarar esos problemas sociales que se van dando.

Martha Gualteros profesora UNIMINUTO

“El proyecto Tejiendo sonrisas desde casa se cimenta en una acción solidaria y generosa, una forma de aportar a la transformación social realizando acompañamiento a niños y niñas que por causa de la crisis de salud pública tuvieron que abandonar sus cotidianidades y aulas escolares para aislarse en casa”.

Mailin Moreno

“En estos tiempos de cuarentena hemos pasado por situaciones complejas por tema del aislamiento social, pero Tejiendo sonrisas desde casa llega con un punto de diferencia a todos los hogares, llevando risas, alegrías, paz y armonía. El plus que tiene este hermoso proyecto es cautivar no sólo a los niños sino a los padres de familia para que a pesar de esta situación que vivimos sea lleno de amor y sabiduría adicional este emprendimiento contribuye a la paz para saciar la depresión, angustia y ansiedad. Es un proyecto que aporta a la inclusión social a través de actividades diferentes”.

Carolina Muriel – directora de la fundación con la Ema de amor

“A través de la Fundación, desarrollamos programas que ayudan a mejorar la calidad de vida de las mamás, sus hijos y sus familias, durante estos largos procesos de tratamiento contra el cáncer. El proyecto Tejiendo Sonrisas desde Casa nos ha dado elementos para poder compartir con las familias historias creadas para nuestros hijos, y los niños responden positivamente a estos productos”.

Nat Nat Iguarán Fajardo, Yanama – Organización indígena de La Guajira

“Para nuestra Organización es muy importante el trabajo colectivo y participativo, con el fin de preservar la cultura wayuu, entonces, cuando escuchamos de lo que trataba el proyecto de tejiendo Sonrisas y que resaltaban el intercambio de saberes e identidad y que nuestras producciones se harían en nuestra lengua materna nos unimos y empezamos a trabajar con las niños y niñas de las rancherías, porque ellos son los herederos de nuestra tradición wayuu”.