El ejercicio del periodismo ha llevado a este clásico reportero por las geografías de la guerra a nivel mundial. Las esquirlas en la memoria y los impactos en la carne se pueden sentir en sus palabras.
Por: Serafin Marquin Gaviria
@serafiniano
“La guerra tenía que terminar pero desafortunadamente no ha terminado”, dice con desconcierto el periodista William Parra, que en otrora firmó historias para Reuters, TeleSUR y medios nacionales, hasta que tuvo que solicitar asilo político en Venezuela por lo que él llama persecución estatal. Su afirmación era el deseo de millones de colombianos luego de la firma de los acuerdos de paz entre el Estado y la guerrilla de las Farc-ep, pero lo cierto es que la desigualdad, las ráfagas y explosiones continúan estremeciendo al país.
Traspasar la línea roja de la guerra, lo ha hecho entender que la felicidad “no es un punto de llegada sino un camino que se va recorriendo”, y que está presente todos los días en los detalles y cosas más pequeñas y sensibles. Así lo dice el poeta griego de Alejandría Constantino Cavafis en su poema Ítaca, que el periodista referencia.
También, la experiencia en situaciones hostiles y deplorables le ha permito entender que la condición humana del periodista es complicada: “tú tienes casi que ser insensible frente a lo que estás viendo, pero muy sensible a la hora de contar a los demás lo que está pasando. Insensible para que no te traumatices. Las cosas que uno como periodista ha visto son impresionantes, son muy difíciles, lo que te ayuda en tu condición humana es la poesía, la sensibilidad, aunque puede ser una paradoja”.
Cuenta que esa confrontación la sintió en su labor de reportero durante el cubrimiento de la tragedia por la avalancha del Río Páez. “Llegue a Belalcázar y desde el helicóptero empecé a ver los rostros de las personas, alzaban las manos porque querían que los montaran en el helicóptero. Me bajé y empecé a ver la dimensión de la tragedia, entonces fui y me metí detrás de una casa y me puse a llorar. Dije: “bueno voy a llorar ya porque después tengo que informar, no me voy a poner a llorar en cada esquina”. Me lloré todo lo que tuve que llorar. Todavía tengo esa imagen en la mente.
Y es que el trajín en medio de la desgracia, lo ha sumido en disertaciones sobre la espiritualidad, porque como él dice: “cuando te ves jodido tienes que pensar en que alguien te tiene que ayudar”.
Era 14 de septiembre de 2013, cuando un francotirador de ISIS le disparó en la pierna en Harasta mientras cubría la Guerra Civil Siria para TeleSUR. Su relato da cuenta de las críticas horas que prosiguieron mientras permaneció, junto a su camarógrafo, escondido y tirado en el polvoriento suelo desértico.
“Tú en cualquier momento piensas que van a llegar a joderte, medio alzaba la cabeza y tiraban balas. A las 11 de la noche llegó a rescatarnos el ejército. No fueron hasta donde estábamos nosotros, empezaron a gritar mi nombre. Pero no fue hasta que los soldados mencionaron otros nombres que nosotros conocíamos, que respondimos el llamado. Para que esos soldados llegaran ahí, otros los estaban cubriendo y tirando tiros alrededor para tener a los de ISIS ocupados y podernos sacar. Entonces empezamos a arrastrarnos para llegar hasta donde estaban los soldados, pero el chaleco antibalas ya me tenía ahogado y había perdido mucha sangre por la herida en la pierna. Cuando me ahogué, le dije al camarógrafo que no podía más, que se salvara, él empezó a llorar e insistir. Yo me quedé ahí en el piso y en fracciones de segundo me pasó toda la vida frente a los ojos. Ahí uno espiritualmente se confronta con el mundo, con la vida, y en ese momento, gracias a esa espiritualidad, como si le diera a uno un segundo aire, dije: “no me voy a morir aquí o voy a intentar salvarme”. Yo no sé cómo me levanté como pude y empecé a saltar en una sola pierna”, Recuerda.
Hoy William Parra sabe que es una espiritualidad que va más allá de cosas religiosas, pues aunque se considera creyente no se siente cercano a Dios, Alá o Jehová, ese día se sintió conectado con el universo, la vida y lo que posiblemente esté más allá.
Explica que la felicidad, la condición humana y la espiritualidad, son como sensaciones, fuerzas que ayudan al periodista en su ejercicio. Quizás tanto, como saber lo suficiente sobre un personaje al que se va a entrevistar, incluso más que él mismo, pues la investigación es la única posibilidad que tiene el reportero para llegar a la verdad.
Sus palabras hicieron eco ante un auditorio de periodistas en formación que se congregaron en la ciudad de Neiva para observar su más reciente documental llamado “Para la guerra nada”.
