El historiador Jairo Ramírez Bahamón, estudioso consagrado de los procesos de vanguardia en la educación del Huila, reseña la obra publicada por el sello editorial Corhuila, Historia de la Corporación Cultural José Eustasio Rivera – ¡Esfuerzo de muchos¡ escrita por Reynel Salas. Con admirable rigor y precisión conceptual, valora los vértices medulares en la investigación que permitió la escritura de uno de los libros más destacados de la historiografía regional contemporánea.
Por Jairo Ramírez Bahamón
Con la rigurosidad que caracteriza sus investigaciones y escritos, Reynel Salas Vargas, educador y actual vicepresidente de la Academia Huilense de Historia, agrega, a su ya fecunda producción histórica, una extraordinaria simbiosis del contexto y los esfuerzos conjuntos que intervinieron en el nacimiento de la Corporación Cultural José Eustacio Rivera y la Universidad Corhuila.
El historiador en referencia entendió que para escribir la trayectoria de una institución del ámbito social, era imprescindible conocer su génesis, es decir, las circunstancias del contexto, así como los propósitos y los objetivos que llevaron a su creación, como premisas que permitieran valorar la dimensión de sus realizaciones en el presente.
Por eso los capítulos iniciales del libro están orientados a presentar una mirada a los primeros sesenta años del Huila del siglo XX, periodo en el cual el departamento parecía no despegar, a pesar de los variados hitos de progreso que afloraron en la época, como la instalación de la primera planta generadora de energía eléctrica por el líder progresista Reynaldo Matiz; la llegada del ferrocarril en 1938; la aparición de ambiciosos planes de irrigación; y la iniciativa de crear una universidad con carreras afines al sector agropecuario en 1956. Salas afirma que estas iniciativas constituyen asomos de modernidad, pero que aún no permitieron al Huila salir de su insularidad por la escasez de vías que lo conectaran con el resto del país.
Algunos escritos de la reciente historiografía huilense, reconocen que, a partir de la celebración de los cincuenta años de vida Institucional del departamento, en 1955, Neiva comenzó a sacudirse del letargo provincial. Es así que al final de la década la ciudad contaba con un estadio de basquetbol, se había establecido nuevas sedes bancarias, se levantaron nuevas edificaciones, destacándose la inauguración, en 1958, del Hotel Plaza.
Debo comentar que, revisando informes de prensa, en el segundo quinquenio de los cincuenta se advierte en la ciudad un desbordado optimismo por el progreso alcanzado, hasta el punto que Jorge Andrade Rivera, corresponsal de la revista Semana, en su reporte para la edición No. 524 del 3 de diciembre de 1956, denominara a Neiva en uno de sus informes como “Una Tacita de Oro”; que se había ganado el nombre de “Capital Basquetera de Colombia”; que contaba con moderno estadio de Básquet para 5.000 espectadores y tenía innumerables obras de progreso.
No obstante, Salas Vargas en la obra que analizamos nos hace caer en cuenta que los verdaderos grandes cambios en Neiva se suscitaron en los años sesentas, aunados a una ola de transformaciones en el país y en el mundo. En el caso del departamento del Huila, destaca el papel que jugó en este proceso de cambio el parlamentario huilense Guillermo Plazas Alcid, quien a partir de su periódico El Debate, diseñó lo que algunos han llamado una verdadera plataforma cultural para el despegue de la región; pues en esta tribuna periodística se promulgó, en su número 13 de septiembre 8 de 1962, una carta a los jóvenes con el nombre de Operación Huila, desde donde Plazas orientó su labor cívica y sus programas ocuparon buena parte de su agenda parlamentaria, dando lugar de privilegio a la necesidad de una universidad para la región.

El espíritu cívico de los neivanos siempre aflora en los momentos cruciales que se convoca la solidaridad
La carta generó reacciones favorables de personalidades con diferentes tipos de liderazgo en la comunidad: políticos de variadas tendencias, periodistas y dirigentes cívicos, algunos de los cuales serán decisivos en la construcción de los proyectos culturales que surgieron a partir de este enjundioso llamado a “la movilización de todas las potencias espirituales y físicas del pueblo huilense”.
Y lo que sigue es, retomando uno de los subtítulos del texto que comentamos, Diciendo y Haciendo. Pues a partir del lanzamiento de la Operación Huila, con el liderazgo de destacadas personalidades, sin distingos de credo religioso ni filiación política, surgieron tres instituciones de utilidad común con su propio objetivo específico, aunque afines entre sí: la Corporación Cultural José Eustasio Rivera, la Fundación Jorge Eliecer Gaitán y la Fundación Tierra de Promisión.
De la mano de la entusiasta y desinteresada labor desarrollada por los miembros de La Corporación Cultural José Eustasio Rivera surgieron los bachilleratos nocturnos José María Rojas Garrido de Neiva y Luis Calixto Leyva de Garzón. La creación de estos bachilleratos alentó el esfuerzo gubernamental por el fomento de instituciones para ofrecer bachillerato en horas nocturnas para los sectores populares y, en general, por la ampliación de la cobertura de educación secundaria. Paralelamente surgieron en la época los colegios parroquiales, los cooperativos, los municipales, dando como resultado una mayor presión por el establecimiento de educación superior.
El historiador Salas afirma que frente a estas nuevas condiciones surgió la respuesta acertada de la Corporación Cultural José Eustasio Rivera de apostarle a la creación de una universidad en el Huila y de ampliar posteriormente la oferta de este nivel de enseñanza, que interpreta uno de los postulados básicos de La Operación Huila.
El lector encontrará en el capítulo V del libro, los pasos que antecedieron a la creación del Instituto Universitario Surcolombiano – ITUSCO, transformado luego en Universidad Surcolombiana, y de la Corporación Universitaria del Huila – CORHUILA de Neiva. Guillermo Plazas en las páginas de El Debate insistía siempre que estas obras fueron posibles gracias al apoyo de muchas personas y del propio pueblo, pero en varias ocasiones destacó el valioso aporte de Reynaldo Polanía y de Ángel Sierra Basto, quien fuera el ideólogo y autor de la mayor parte de las actas fundacionales, estatutos, declaraciones y manifiestos.
Siguiendo la descripción que hace el autor de la obra sobre la génesis de las diversas propuestas culturales que surgieron tras las contundentes afirmaciones de la Operación Huila, se advierte que en la gestación y surgimiento de ITUSCO y de la Universidad Surcolombiana, la Corporación Cultural José Eustasio Rivera sirvió como ente divulgador y canalizador de las iniciativas y como un acompañante de lujo en todo el proceso de elaboración técnica de las propuestas y de cabildeo frente a las institucionales estatales para obtener el aval presupuestal y posterior aprobación. Su labor frente a este propósito de creación de universidad en el Huila significaba el cumplimiento de uno de los planteamientos centrales de la Operación Huila consistente en hacer realidad una universidad para el Huila.
Deja claro también el autor que con la creación de ITUSCO y su conversión en Universidad Surcolombiana, no se dio por terminada la misión de la Corporación; antes bien, dice Salas, sus miembros se empeñaron en nuevos proyectos y, en efecto, en la década siguiente “volvió sobre el Tema”.
Es así que el 7 de diciembre de 1983, la propuesta de crear ofertas educativas propias a nivel universitario y técnico, fue aprobada en Sala de Gobierno General y después de escuchar propuestas y contrapropuestas, la Corporación Universitaria del Huila abrió sus puertas el 31 de mayo de 1993. De inmediato se encargó de la responsabilidad de materializar la idea a Jaime Cerquera Salazar, quien, con el respaldo ético y moral, como él mismo lo expresara en entrevista cedida al Reynel Salas, de Hernando Artunduaga, Jaime Salazar, Raúl Pastrana y Roque González, emprendió con decisión la tarea asignada.
El 12 de junio de 1987, la sala de gobierno dispuso la creación de una comisión que redactara los estatutos de lo que debía ser el ente universitario que surgiría de la decisión de crear universidad, el cual no debía entrar en colisión con la Universidad Surcolombiana, sino por el contrario, que cubriera e impulsara los sectores que esta no atendía. El 10 de noviembre se presentó a la Sala de Gobierno el estudio de factibilidad de la corporación Universitaria del Huila- CORHUILA.
Aprobados sus estatutos y enviados al ICFES, luego de su visita de evaluación y asesoría practicada en marzo de 1992, reconoció la institución.
Teniendo en cuenta la vocación agropecuaria del Huila consideraron los miembros fundadores de CORHUILA la importancia del sector y la necesidad de orientar la oferta de programas académicos de nivel profesional en el campo agropecuario; de manera que con un cupo de treinta (30) estudiantes en la carrera de Administración Agropecuaria se iniciaron las labores académicas en febrero de 1993, en los locales cedidos en comodato por la Corporación Cultural José Eustasio Rivera, ubicada en la calle 21 No. 6-01 de la ciudad de Neiva.

Guillermo Plazas Alcid es una de las figuras políticas más connotadas del Huila en el siglo XX. Desde diversas instancias y roles, siempre ha aportado a los proyectos culturales y educativos del departamento
En el recorrido histórico que hace el autor en esta obra se observa cómo la vida de la Corporación José Eustasio Rivera y de la Corporación Universitaria del Huila, emergen como producto de un momento histórico en el que el Huila se apresta a romper con la insularidad y cuando aparecen en su desarrollo material destellos de modernidad, venciendo la atávica costumbre de subvalorar las iniciativas que no fueren las del partido o grupo de cada quien. En la primera vemos formando parte de sus fundadores a Guillermo Plazas y Reynaldo Polanía, al lado de Avaro Sánchez Silva y Rafael Azuero Manchola; en el caso de Corhuila el autor destaca la tesonera laboral de Jaime Cerquera, encargado de redactar la primera propuesta y a la postre su primer rector, valorando también el apoyo decidido de destacadas personalidades como Ramiro Gutiérrez y Cristóbal Cuéllar Quevedo, al lado de Hernando Vargas Mesa, síndico de la institución de toda la vida, y de Roque González Garzón, con sus buenos oficios en calidad de director del ICFES. Sin duda que estas realizaciones culturales impulsadas pensando en el bien común arrojaron unos resultados inconmensurables para el desarrollo cultural y material del Huila. Ojalá el Huila haya aprendido esta lección.

