Por: Carlos Romero Artunduaga
Sentarse a hablar con la abuela, frente a la casa a eso de las 3:00 de la tarde bajo un árbol que, además de ser el que le da matices al silencio del campo, puede dar fe de la memoria que ella conserva; es entrar en una de las páginas que en ningún libro han quedado plasmadas.
Sentir que la abuela además de estar sentada en la silla mecedora por largas horas también tuvo la posibilidad de trepar el árbol, de correr y levantar el polvo, y que además fue testigo de las bases que hoy soportan a nuestra ciudad, no tiene precio.
Entre los recuerdos hay uno que a ella siempre le llama la atención y que a uno le da la sensación de nunca haberlo escuchado antes. Llamado por ella el ´tren de la alegría´, del que asegura sigue prendiendo gracias a la compañía que el abuelo le brindó desde el momento en que llegó en uno de ellos a la ciudad de Neiva proveniente del Tolima.

Fuente: Neiva 400 años, histórico y fotográfico
El ´tren de la alegría´ era la única ruta que, a mediados del siglo pasado, conectaba a Neiva con el centro del país de la manera más rápida posible: 12 horas (anteriormente 17 días de viaje por caminos de herradura). En su ruta llegaban todos aquellos aventureros que de diferentes lugares de Colombia acudían a tierras opitas en busca de trabajo como recolectores de café u otros oficios.
Gracias a ese episodio, marcado por lo que fue el inicio de una multiculturalidad, los árabes desterrados de medio oriente y los chinos emprendedores pisaron tierras huilenses y aportaron al desarrollo de la región desde diferentes aspectos.
El ´tren de la alegría´, no sólo facilitó el transporte anual de hasta 2.395.533 pasajeros (1949) y 532.792 toneladas (1946), también se incorporó a la celebración de las tradicionales fiestas de San Pedro, según escribió el historiador Ananías Osorio Valenzuela.
Autor: Serafin Marquin
Actualmente, en tiempos en que revivir las vías férreas es una idea de los que legislan, toma vigencia la reflexión consignada en la Historia General del Huila, Volumen 3, “es inadmisible que, mientras Europa día a día se perfecciona en este sistema de transporte con máquinas que recorren Europa y Asia a velocidades que superan los 300 kilómetros por hora, en Colombia el gobierno opte por la liquidación y destrucción de este patrimonio nacional. Es inaceptable la negligencia de los dirigentes de la región frente a la determinación del Gobierno Nacional de liquidar este importante medio de transporte”.
Por ahora no queda más que seguir escuchando la experiencia de la abuela mientras pueda seguir acompañándonos, no queda más que seguir alimentando nuestra identidad con una memoria a la que al parecer, no se le van los años.

