Defender la vida en todas sus expresiones es una lucha que en Colombia se libra desde diversos escenarios y con toda la adrenalina y el miedo. La calle es uno de esos álgidos ´campos de batalla´ pro ambiental, y los murales los instrumentos más creativos que buscan cautivar al transeúnte y conmover al ciudadano que observa a través de la ventana del colectivo.
Por: Serafin Marquin Gaviria
@serafiniano
Manifestarse es, todavía, un derecho en el país. Aun así, pintar un muro en alguna avenida es un asunto que regularmente es satanizado y por ende tiende a ser un acto clandestino. Bueno existen mecanismos para solicitar permisos, pero en su mayoría los que rompen la pasividad de la urbe para plasmar ideas controvertidas llenas de colores, prefieren mantenerse en el anonimato.
Lo que dicen las imágenes al brillar el sol, no es más que la realidad crítica que vive el país por el impacto de políticas gubernamentales que se encaminan hacía un modelo de explotación desmedida. Así lo plantea el profesor Freddy Cante en la Silla Llena, al afirmar que es tradición en Colombia que nuestros dirigentes políticos y la tecnocracia criolla, con servilismo y falta de originalidad, miran hacia el norte (política Norteamericana).
Y sí, “en Colombia, el segundo país más megadiverso del planeta y uno de los 12 más ricos en recursos naturales, es evidente la vulnerabilidad de estos por cuenta de los daños irreparables que causan el terrorismo, la contaminación y la deforestación, entre otros crecientes males. Si bien en los 1.141.748 kilómetros cuadrados de superficie que posee Colombia habitan 62.829 especies vivas, lo cierto es que lejos de protegerlas parece que se está en una imparable carrera para destruirlas”, dijo EFE en El Tiempo el pasado mes.
El más reciente relevo en esta maratón a la colombiana es el Fracking. Una idea que según el Representante a la Cámara Luciano Grisales en entrevista para El Nuevo Siglo, la institucionalidad del país no está en la capacidad de asumir. Ejemplo de ello, según Grisales, “son los daños ambientales ocasionados por el proyecto Hidroituango y la disminución del caudal del río Cauca, sumado a la mancha de crudo sobre el río Catatumbo, los altos índices de contaminación del aire en ciudades capitales como Medellín y Bogotá y el desabastecimiento de agua en el Quindío. Todos debido a falencias inmensas con respecto a la institucionalidad, a los procesos, a los procedimientos.
Recientemente, según informe conjunto de 20 organizaciones sociales presentado en Naciones Unidas, “las mujeres y las niñas son las más afectadas por la degradación del medio ambiente en el que viven dada su estrecha relación con la naturaleza. Se han documentado casos donde el derecho a la alimentación y nutrición, los circuitos económicos de las mujeres (su autonomía económica) y su cultura son afectados por monocultivos con agrotóxicos, la contaminación de las aguas, la persistencia de las violencias contras las mujeres y la imposición del consumo de productos comestibles ultra procesados (PCU), o comida chatarra”.
En este panorama, la alerta ambiental está encendida en el país, y desde universidades, organizaciones sociales, activistas, ONGs, ambientalistas, ciudadanos, hasta artistas de los murales, desarrollan acciones para evitar, reducir y mitigar impactos negativos sobre los recursos naturales.
A continuación, una serie de galerías fotográficas sobre murales que buscan impactar en la consciencia de la ciudadanía:



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