Y las luchas continúan

Altera Revista
11 minutos de lectura

Por Serafín Marquín Gaviria

@Serafiniano 

 

En momentos en que la efervescencia social no deja de empuña las banderas en las calles por el respeto a la vida, reflexionamos sobre la movilización social en tiempos de pandemia por el COVID-19. Los jóvenes el factor esencial.

Cuando la crisis sanitaria empezó, había ríos de gente alzando la voz en aceras y avenidas de Colombia. En medio de la nube estruendosa de gas lacrimógeno ardía con más fuerza la indignación. En adelante, mientras el COVID-19 quitaba la respiración, con los últimos suspiros de esperanza las masas continuaron gritando arengas en las calles. Al tiempo, muchos se rebuscaban la vida con ofertas creativas de productos al detal. Un ciclo inacabable que persiste en un país en crisis.

La incertidumbre por la falta de recursos económicos para garantizar necesidades vitales como la alimentación, que simbólicamente no ha dejado de ondear en ventanales y fachadas en forma de trapos rojos, demostró que el miedo al virus no era tan fuerte.

El deseo de luchar pacíficamente por reivindicaciones sociales, que desde el 21 de noviembre de 2019 se movía con mayor fuerza (jornada conocida como el #21N), hizo que las calles nunca estuvieran solas.

 

El contexto

El rastro de la protesta en 2020 y lo que va de 2021 en Neiva

“La llegada de la pandemia coincide con el momento en que los colombianos tenían muchas angustias por la conducción de la economía y la política del país”, explica la Senadora de la República, Aida Avella.

Para el analista Luis Fernando Pacheco, desde el año 2019 y en el marco de la pandemia se intensificó un periodo de movilización con rasgos asimilables a lo que ocurrió en mayo del 68 y antes de la caída del muro de Berlín. “La pandemia evidenció un descontento generalizado en las instituciones. La gente no cree en las instituciones. Lo que necesitan son excusas”, enfatiza.

Según el economista e investigador del Grupo Socioeconomía Instituciones y Desarrollo de la Universidad Nacional, Manuel Rubio, la efervescencia social actual recoge clásicas luchas del movimiento estudiantil, movilizaciones campesinas e indígenas y el descontento por la crisis en la implementación del acuerdo de Paz firmado entre el gobierno y las Farc-ep. Procesos movilizadores que tienen de fondo problemáticas de acceso a la educación pública, la crisis agraria del país, la sustitución de cultivos ilícitos, el acceso a tierra, la carencia de financiamiento público, el desmonte de las fuerzas paramilitares y la garantía de derechos laborales, políticos y sociales.

Por su parte Santiago Peña, líder juvenil y politólogo en formación de la Universidad Surcolombiana (USCO), afirma que son tiempo de mucha incertidumbre sobre el futuro, derivada de la falta de perspectivas claras del Estado, lo que genera que la sociedad se sienta huérfana y empiece a delimitar sus intereses alrededor de lo posible, lo que puede ser; “se abre una perspectiva de posibilidades muy novedosas”.

Más allá de las motivaciones personales, según Paula Albarracín González, politóloga en formación de la USCO, la gente, a pesar del temor al contagio, ha decidido movilizarse porque “por más verracos que seamos y por más pobres que queramos ser no lo podemos resolver y es obligación del Estado solucionar muchas situaciones precarias que viene sucediendo en el país.

En el mismo sentido se refiere el líder estudiantil Humberto Perdomo, al señalar que se evidencian dinámicas administrativas que minimizan el Estado y amplían el mercado de servicios: “si quiero educación tengo que pagar por ella, no es un derecho; si quiero agua potable tengo que pagar, no es un derecho; sino tengo agua, que es algo básico para el ser humano, puedo estar muriendo porque el Estado no la está garantizando. Son esas lógicas las que hoy están planteando diferentes administraciones como la de Gorky e Iván Duque”.

 

El factor joven

Humberto Perdomo y Paula Albarracín, líderes estudiantiles

En tiempos aciagos los jóvenes siguen siendo protagonistas. Se los ve empuñar banderas y avanzar contra corrientes adversas para reclamar vida digna en toda su expresión.

“La movilización social de los estudiantes merece toda la admiración”, afirma el analista Pacheco. En su concepto, ha sido muy simbólica en torno a hechos precisos como la ´Matrícula cero´, donde relució la contundencia del discurso y la creatividad, que incluso trascendió a las redes sociales. Que si bien no dejan de estar sobrevaloradas, han reflejado casos exitosos.

Se trata, según Humberto Perdomo, politólogo en formación de la USCO, de una ventaja técnica que permite establecer una comunicación en tiempo real. “Tenemos una realidad y es que no todas las personas están saliendo a protestar debido a la pandemia, pero cada uno desde su casa está aportando a la discusión y difusión de la información de lo que está pasando. Me parece que es un aspecto positivo de las redes sociales”, afirma.

Para Juan Pablo Tovar, vocero de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), la democracia participativa directa viene avanzando en la misma sintonía de Latinoamérica y otros países europeos, lo que permite que se dinamicen cada vez más importantes procesos juveniles y de la sociedad civil en general; “suscitando que la gente participe y exija respeto por el beneficio de la comunidad que es lo público, ya ese discurso de que lo público no funciona está mandando a recoger”.

Al respecto La senadora Aida Avella, del partido Unión Patriótica, manifiesta:

 

Entre tanto, Humberto Perdomo asegura que como jóvenes asumen un proceso de cuestionamiento constante sobre la sociedad y el territorio que desean para vivir. “En Neiva durante los últimos años ha tenido lugar una emergencia de otras expresiones (artísticas, deportivas, etc.) y cada quien desde sus motivaciones e intereses ha venido planteando esas necesidades y ese lugar que quiere habitar”, explica.

Paula Albarracín, que junto a Humberto y un puñado de jóvenes lideró la reclamación de la ‘Matricula cero’ en la Universidad Surcolombiana, sostiene que como juventudes han demostrado que la esperanza se puede mantener intacta y que es posible salir las veces que sean necesarias a seguir reclamando los derechos; “creo que esa fuerza que generamos los jóvenes y esa energía que inyectamos al resto de sectores, permite que la gente siga creyendo que esto puede mejorar y que no estamos dispuesto a aguantarnos este tipo de cosas en un futuro, lo tenemos claro más allá de querer resolver todo hoy.

 

El riesgo es un día no estar

Gasto en armas antidisturbios 

En la memoria del país, sin desconocer la del continente, están la represión, estigmatización, judicialización, desaparición y muerte de los que reclaman. Hombres, mujeres, adultos y Jóvenes eternos como Tarcisio Medina Charry, desparecido por agentes del Estado en Neiva hace 30 años según el Tribunal Administrativo del Huila (1995).

Pero, a pesar de la atmósfera de inseguridad que se ciñe sobre el derecho a la protesta, construir un mejor futuro no ha dejado de ser un propósito fundamental para jóvenes como Paula, Santiago y Humberto, unos de muchos que han sentado bases de cambio por la vía pacífica en la capital del Huila y en Colombia.

“Es innegable que en este país la democracia es muy restringida, el asesinato, las masacres, la ausencia de justicia y la forma como se atiende la protesta social desde la fuerza pública es un hecho real, pero creemos que el pueblo en su historia ha demostrado que ante esas circunstancias de represión más se fortalece para protestar y seguir haciendo uso de este derecho universal”, reflexiona el vocero de la CUT, Juan Pablo Tovar.

En su análisis el abogado Luis Fernando Pacheco explica que, si bien no todas las personas detenidas en coyunturas de efervescencia social son presos políticos, evidentemente tienden a incrementar los procesos judiciales contra líderes, sobre todo líderes indígenas. Personas que son capturadas y enfrentadas a procesos que a falta de material probatorio no prosperan, y cuando obtienen su libertad ya tienen manchada su imagen.

En momentos en que se plantea este análisis, una nueva hazaña de las muchas que se plantean en la agenda de movilización y lucha social -donde los jóvenes evidentemente son la columna vertebral- se ha empezado a materializar en el sur del país: el compromiso para empezar a proteger los humedales en el oriente de Neiva. 

 

Porque, mientras se sortea la desventaja de un día no estar, en términos de la lucha social  -como dice la líder juvenil Paula Albarracín-, el compromiso decidido por reclamar un mejor país vive en las calles, en las arengas, murales, puestas en escena artísticas, campamentos… palpita en los corazones de personas que exigen pacíficamente soluciones a problemáticas diarias que aquejan al grueso de ciudadanos del común. Las luchas continúan. 

Compartir este articulo