@Serafiniano

 

De pronto, las últimas hojas empiezan a desprenderse de los empinados árboles, giran lentamente en el aire hasta alimentar el amplio tapete que se ha formado en el bosque, finaliza otoño, la brisa se torna helada, empieza una nueva aventura rumbo a otras tierras, las alas de la Piranga Rubra se extienden en el aire.

Pinceladas de colores se dibujan en el firmamento durante los miles de kilómetros que tiene el recorrido de la Piranga Rubra desde Norteamérica hasta el hemisferio sur. Transcurren los últimos meses del año y esta especie de Cardenal (Cardinalidae) planea refugiarse nuevamente del invierno. Los vividos paisajes de Colombia hasta los 3.200 metros sobre el nivel del mar son de su interés, su particular tono se puede sentir en los ecosistemas y jardines del departamento del Huila.

Pronto los machos se visten de un plumaje rojizo encendido y las hembras de un color amarillo pardusco con tinte oliva, los picos se pintan de color hueso y amarillo pálido, respectivamente, atrás ha quedado la estrategia del tono descolorido del viaje para ahorrar energía.

Esta ave de escasos 17 centímetros y 23 gramos es tan solo una de las 100 especies migratorias, aproximadamente, que visitan todos los años la ciudad de Neiva (zona rural y urbana) “por temporadas climáticas y disponibilidad de alimento”, explica Sebastián Betancourt, director de la Asociación Ornitológica del Huila.

En medio de la combinación de melodías y colores que se percibirse en jardines, humedales, ríos y árboles de la ciudad, la Piranga suele ser confundida con el popular ´cardenal sangre de toro´ (Ramphocelus dimidiatus) y el ´atrapamoscas pechirrojo´ (Pyrocephalus rubinus) -de tamaños similares al del ´azulejos´ (Thraupis episcopus)-, pero la diferencia es que el primero posee un rojo más oscuro y un pico plateado, y el segundo, tiene la cabeza roja antifaz, alas negras y copete rojo.

El manjar está servido para los viajeros en estas tierras. Donde fluye el agua y crece el verde de todos los colores, la abejas, avispas, cícadas, saltamontes, escarabajos, hormigas, arañas, orugas y libélulas, así como frutos revitalizan el organismo de la Piranga Rubra, según Wiki Aves de Colombia, portal de la Universidad Icesi.

 

Viajar en familia

Foto: Peruaves.org

El buen tiempo también atrae la algarabía de los patos que viajan de noche e inundan en manada afluentes y humedales. En el Huila es común, aunque últimamente en menor cantidad, la presencia de los Spatula cyanoptera o ´patos colorados´, al igual que los Spatula discors o ´patos cariluna´.

Otro grupo de aves, que surcan los cielos hasta estos paisajes, son las populares playeras, Andarios, Caicas, del género Calidris y Tringas; que, a diferencia de los patos, viajan juntos pero no ordenados, y con su pequeño diámetro apenas es perceptible su movimiento entre la hojarasca.

Una tercera familia, son los ictéridos. Aunque escasos y difíciles de observar, su particular canto agradable al oído, los hace atractivos. La especie local es conocida como Toche (plumaje amarillo y negro), mientras las que migran llevan por nombre spurius y gálbulas; regularmente llegan en parejas o solos a pasar la temporada.

 

Fin del vuelo, el no retorno

 

Foto: Humedales oriente de Neiva. Francisco Atarrayo

Pareciera que el eco del disparo de algún cazador o la escena gris del cemento en el lugar donde antes vertía agua y germinaban flores, van quedando grabados en el reloj biológico y genética de algunas especies migratorias, de retornar poco a poco se van olvidando.

“Los patos ha sido de los grupos más afectados por la cacería -la caza por diversión-. Se ha reducido bastante la población, no solo de patos migratorios sino locales, han sufrido bastante; la gente cuenta historias sobre la presencia de muchos ejemplares de patos y conejos en sus localidades, ahora es más difícil verlos, son muy esquivos, no llegan a la misma zona porque tienen memoria”, cuenta Sebastián Betancourt, director de la Asociación Ornitológica del Huila.

Según el biólogo y profesor de la Universidad Surolombiana, Mijael Brand Prada, “aunque existe el Convenio de Diversidad Biológica Internacional, un compromiso del cuidado del patrimonio biológico que asumió Colombia, no se protegen los espacios que requieren las especies”; razón por la cual áreas de humedales al oriente y sur de Neiva están sometidas a procesos urbanísticos, aun habiéndose identificado presencia de especies nativas y migratorias.

Desde 2017, y mientras los vuelos migratorios de aves como la Piranga Rubra siguen cumpliendo su ciclo año tras año, la Asociación Ornitológica del Huila trabaja en la observación, identificación de aves, sensibilización de comunidades, y conservación de ecosistemas estratégicos; una labor que según su director, heredaron de iniciativas del pasado y esperan desarrollar en conjunto con otras organizaciones.

La labor de la Asociación se encamina a aportar, según el profesor Brand Prada, al pleno conocimiento de los recursos bióticos del país. “Nosotros decimos, por ejemplo en relación a las aves, somos el país con mayor diversidad en el mundo (1937 especies), pero cuando se quiere trasladar y resolver esa misma inquietud a una región como el departamento del Huila no se consigue esa información. Hasta ahora estamos haciendo un esfuerzo por conocer cuáles son las especies de aves que habitan temporal o de manera permanente el territorio”.

Foto: Piranga Rubra. Davesgarden.com 

Para la fecha de este artículo el invierno ha cesado en Norteamérica, la estancia ha terminado, los cardenales han tomado rumbo al follaje de sus árboles, pero volverán, así debe ser, ojalá por siempre.